A.H.A. Descubrimiento, colonización y otros fracasos. (Capítulo 2)
Recordemos que en la edición anterior lo habíamos dejado a Sebastiano Maraboto llegando a las marrones aguas del Río de la Plata, inaugurando lo que sería la segunda visita colonizadora.
Sebastiano era un avezado explorador y navegante portugués que había logrado burlar la reputada sagacidad de los oficiales de la armada española. Fingiéndose catalán, se enroló en la marina, hizo carrera y logró embarcarse rumbo al nuevo continente.
Pero sus verdaderos motivos mucho distaban del descubrimiento y la colonización. Maraboto tenía como fin último de su aventurera expedición darle alcance a Anselmo Juárez Chas, porque el valioso cargamento que este último portaba en realidad le pertenecía. Cuando los historiadores descubrieron estos ocultos motivos, descubrieron al mismo tiempo los que Juárez Chas tuvo para largarse al nuevo mundo.
Evidentemente Anselmo huía con el producto de su robo a pleno mar abierto, y con el énfasis que puso en su escape llegó a las costas de Sudamérica, sufriendo el destino antes relatado.
Dejando de lado historias de obscuras mezquindades, Sebastiano Maraboto remontó el río posteriormente denominado Paraná.
Desconociendo el infortunio de Juárez Chas, navegaba lentamente a la espera de avistar el galeón que contenía su fortuna robada. El cansancio y el hambre le obligaron a desembarcar en una zona cercana a la actual ciudad de Rosario, en busca de descanso y provisiones para su gente. Creyendo haber hallado terreno virgen, puso pie en tierra con cierta tranquilidad y se dedicó a recoger frutos y cazar pequeños animales que luego servirían para saciar el hambre de los largos viajes.
La soledad reinante y el indomable espíritu conquistador que latía en el gran Maraboto, lo llevaron a concebir la idea de edificar un asentamiento en tal región que testimoniara su arribo a las Américas. Pero el inevitable encuentro con los nativos del lugar llegaría para derribar tales sueños.
Sólo que el portugués Sebastiano no contó con la misma suerte de Anselmo Chas y fue salvajemente atacado por pobladores del lugar que lo descubrieron cerca de la costa. Furiosos nativos ataviados con extraños ropajes mitad rojo y mitad negro, lo atacaron violentamente a pedradas al grito de: - ¡Muerte a los Canallas invasores! Maraboto y su tripulación emprendieron un veloz regreso a su nave fondeada en el río, mientras se admiraban del conocimiento del castellano de aquellos indígenas.
Sebastiano Maraboto, entristecido y esquivando aún alguna que otra pedrada artera de los hostiles nativos, decidió continuar río arriba en busca del galeón de Juárez Chas y sus riquezas robadas. Los días pasaban y la voluntad de la tripulación fue mermando. Por suerte para Maraboto, que ya creía entrever algún motín traicionero entre los suyos, llegaron a una zona habitada y bastante menos hostil que la anterior. Era la región que hoy en día ocupa la República del Paraguay.
Allí, Sebastiano encontró una población bastante amable y muy dada al comercio. Realizó numerosos intercambios de todo tipo y esto le hizo olvidar, en parte, la desdicha por las riquezas perdidas y jamás halladas.
Las últimas noticias que la corona de España tuvo de Sebastiano, lo mostraban afincado definitivamente en esas tierras y dedicado totalmente al comercio, otra de sus pasiones al fin de cuentas. Más adelante veremos cuál fue su triste fin y los motivos que lo provocaron.
Junto con las cartas que daban noticia de su nueva vida y ocupación, llevadas por parte de su tripulación en viaje de regreso, los Reyes de España recibieron toda clase de ofrecimientos de venta de los más diversos artículos, traídos de todas partes del mundo.
Afectos como eran los nobles del viejo continente a dar crédito a cualquier tipo de pavada que circulara de boca en boca, y que justificara lo incomprensible, pronto adhirieron a los rumores que acusaban al humilde Maraboto de estar poseído por los demonios del desenfreno y la libre franquicia. Así fue que decidieron que el nuevo mundo debería de ser evangelizado.
Y prontamente prepararon una expedición repleta de pastores evangelistas para dar cumplimiento a tal fin. Obscuros historiadores de los que nunca faltan, sugieren que los Reyes poseían otro motivo bastante más importante para financiar y embarcar a ese cúmulo de religiosos de fuerte voz y ampulosos ademanes. Comentan estos obtusos estudiosos que la realeza española deseaba librarse prontamente de estos pastores, hartos ya de ver cómo todos sus teatros terminaban finalmente en manos de estos grupos fundamentalistas.
Culminan agregando, además, que todo un florecimiento de la dramaturgia tuvo lugar en la península ibérica luego de la partida de la evangelizadora expedición. Diversas versiones a través de los tiempos, intentaron develar la suerte corrida por los religiosos expedicionarios.
Quizá la más confiable sea la que relata el infausto destino que sufrió la nave, hundiéndose a la altura del delta del Río de la Plata durante una ceremonia desbordada de excesivo fervor, que se habría desarrollado a bordo para festejar el ansiado y feliz arribo al destino esperado. Esta misma versión da cuenta de un único superviviente, que aparentemente alcanzó la costa flotando arriba de una gran cruz de madera.
Aníbal de Pelayo y Giménez habría sido su nombre, y según crónicas de la época tanto él como sus descendientes alcanzaron larga fama y reputación.
No se pierda en el próximo post a Joseph Mendoza y sus desventuras a bordo de una loca pasión llamada Buenos Aires.
Esrito por V. Onoff
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Comentarios
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Me parece un buen articulo, sobre todo pensando que Sebastiano
sea mi pariente, pues Maraboto, no es un apellido muy comun y que por lo pronto sepamos mas de el, ya que este paso a la historia por la aventura que lo llevo a la persecucion del bandido
que le robo.Gerardo Maraboto gornes — 11-02-2006 22:00:19








