Madrugadas de Guardia
Uno
La carta está fechada en 1979.-
Quedó guardada entre las hojas de esa edición de El Paraíso Perdido que nunca intenté leer.
Hasta el día de hoy no puedo olvidar su estilo, los garabatos hechos al margen, sus intentos de hexagramas hechas con fibra color carmín.
La tierra del sol naciente.
Sus ojos naciendo de entre sus párpados semicerrados, reflejo de una noche que se confunde con la madrugada.
Revolver papeles viejos es propio de recordar los olvidos, recuperar la memoria, el acto sublime y efímero de la recreación.
Un renacimiento.
-“Serena está en otra historia” decía la carta que me mandaba el Sapo.
-“ Estoy pasado de rosca, se me acabó la merca y sólo me quedan dos balas”.
-“ Una es para festejar...la otra para mi cabeza”.
Hoy Serena está cantándole canciones de cuna a los niños, a nuestros niños.
Nunca le hablé de esa carta, de esa botella al mar que recibí hace años, seis meses antes de irnos de esa fiesta que el Sapo había organizado para invitarla a recorrer Tailandia.
Ni la segunda bala tuvo su destino final, ni hubo viaje alguno, ni hubo explicaciones, ni siquiera hubo perdón.
Sus ojos naciendo entre sus párpados semicerrados reciben cada despertar de mis despertares.
Serena no se fue nunca de esa fiesta.
La primer bala la recibió en el corazón.
Yo nunca le pertenecí ni sus hijos son los míos.
El Sapo le dejó una rosa en su tumba.
Mi cuerpo está en la morgue, con el cráneo destrozado por ese disparo de esa bala que me clavé en la boca luego del último despertar de mis despertares.
Dos
Ya no te escucho hablar de amor ni de ilusiones.
Las flores de Frida siguen colgadas en la pared tan caprichosamente como las dejaste.
Si no te conociera como te conozco, pensaría verte entrar por esa puerta.
Nuevamente.
Acercando el silencio de tus pies delcalzos al resalto de mis vértebras.
Encendiendo un incienso de canela mientras puteás por la cantidad de puchos que dejé en el cenicero.
Ayer, revolviendo papeles, encontré la fotos que nos sacamos en la abadía de Mont Saint Michel. Tenías esa vieja polera que te había comprado en París en camino a Amsterdam.
Contrastaba con los edificios de la 18 de Julio.
Tu alegría a cuadros entre la melancolía de esos paredes grises sin balcones.
Carta de Erdosain a la Morocha
Seguí la sombra de tu sonrisa hasta el amanecer. Me prometiste estar en la Rambla y una vez más te escuché llamarme en el bullicio.
Deseo y soledad.
Hecha un ovillo, tiritando de miedo, te encontraré frente a la ventana lluviosa, esperando el relámpago que precederá al trueno.
La voz rígida de tu viejo pidiéndole que le hagas acordar que a la mañana siguiente te rompa la cara de dos bifes para luego abrazarte pidiéndote perdón.
Espermatozoide, lacra, infame
Tu padre y tus lágrimas
Y tus cartas quemadas
Y tu voz canturreando “love of my life”
Hasta tu puta muerte
Asco
Odio
Bronca
Son las palabras indecibles, indecibeles, dodecafónicas
Armonía armoniosamente
Melodía que falta en mis palabras
Letra que sobra en mi cabeza
Y un mar que abrigue el frío de mis mejillas, frías de todo frías
Tres
La sangre se me está convirtiendo en uranio enriquecido.
Qué tendrá que ver la entropía con todo esto
Nadie escucha.
Lo único que puede salvarnos del abismo es la música, porque letra siempre hay.
Monosílabos, bisílabos, trisílabos, polisílabos.
La policromía destellando en mis neuronas.
“- Y cómo carajo se hace para que el silencio de la música se amalgame con
el silencio de la palabra para transformarse en canción?”
Canción de cuna
Madame Butterfly ,Pinkerton y el suicidio inútil.
Angustia de los coros imperfectos entre bambalinas cagadas de risa, y el
regisseur mordiéndose los labios: -“Avancen, merde, avancen!!”
La ópera es la gran mentira
En ese interludio sublime que es el coro a boca cerrada, Juan escuchaba cómo
iba Boca con la Spica pegada a la oreja.-
Carta de Erdosain a la Morocha
Anoche de la noche noche recibí tu botella al mar.
Para qué desnudarte para escribirme si tu piel es mi piel y mi deseo.
Seguís siendo un náufrago en tu propia alma. Ësa que intenté corporizar para entenderte.
Pero te vas, te alejás, construís un muro de papel de seda que rociás con quereosén y te inmolás en tu desesperada huída.
Cuatro
Errante en la sombra.
Don Cosme se sacaba los zoquetes.
Ya había dejado las pantuflas de paño a un costado porque ni la sombra del tilo había logrado disimular el dolor de juanetes.- Mientras pensaba que la yerba ya no era como la que le vendía Jesús, esperaba ver pasar el próximo coche para jugarle la patente a la quiniela.
¿Cómo estará su tierra amada, desabrazada Taormina?
Que si sigue el calor no hay esperanza
Y si mi pluma sigue corriendo al pedo es que es todo vació y yermo.
No hay futuro
No hay
No lo hay
Escrito por Gabriel L
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