Miradas
“Nada importa”, me dijo levantando su copa de vino, brindando por lo absurdo de buscar un sentido en un mundo sin sentido. Lo miré y no pude dar con el amigo. El tiempo pasa y nos toca de tantas formas que, a veces, pienso que la naturaleza carece no sólo de piedad sino hasta de buen gusto.
Recuerdo a la mujer, sentada en la vereda esperando que la saquen a bailar, en la esquina de Rivadavia y Rincón, mientras otros juntaban firmas para reconstruir el “Café Los Angelitos”. Una mesa, carpetas con fotocopias, un radiograbador, sillas prolijamente colocadas, señores de saco y corbata, señoras y, entre las señoras, ella, quizá alguna vez la llamaron Mireya, como la del tango. Sentí pena y rabia por esa mujer que había nacido hermosa y que ahora envejecía solitaria y patética. Tal vez, sólo tal vez, la soledad y el patetismo estén en mi mirada, ésa que no encuentra al amigo cansado de buscar un sentido ni puede ver en tantas Mireyas a mujeres que han vivido y que no se entregan mansamente a la muerte. Después de todo, es verdad, “nada importa” y sin embargo, cuánto nos importa y lastima la mirada de los otros.
Escrito por Silvia (La Purificadora)
![]() |
![]() |
![]() |








