La Angustia
Lo primero que notó fue una completa rigidez, una imposibilidad total de moverse. Trató de recordar que fue lo que la puso en ese estado. Luego trató de recordar algo. Nada. Ni un solo recuerdo. Su memoria no guardaba un miserable registro de nada, ni una imágen, ni un sonido, ni un aroma, nada.
Intentó hablar, pero no pudo articular palabra alguna. Pensó que tal vez era un sueño, un mal sueño. En realidad esperaba que fuera un sueño, pero en el fondo comprendía que no lo era, que todo era real.
Miró a su alrededor, y lo que vió la espantó. Hubiera gritado, pero sin embargo por alguna estúpida razón, seguía sonriendo. No es que no comprendiera la situación, simplemente se le hacia imposible cambiar de expresión.
Frente a ella había cientos, quizá miles, iguales a ella. No solo parecidas, sino idénticas, el mismo pelo, los mismos ojos, la misma figura, la misma ropa, la misma posición, la misma estúpida sonrisa. Y por supuesto el mismo encierro.
De tanto en tanto venían y se llevaban a alguna. La desesperaba saber que podía ser la próxima.
Ignoraba cual era el destino de las llevadas, quizás no era tan malo, después de todo ¿Qué podía ser peor?
En seguida lo supo, ya quedaban pocas, era cuestión de tiempo para que la llevaran a ella.
Cuando llegó a su nuevo destino vió la fortuna corrida por las otras como ella, a algunas le habían cortado el pelo, muchas estaban desnudas, otras maquilladas, a una pobre le faltaba un brazo.
Quiso llorar, pero las Barbies, no vienen con lágrimas.
Escrito por Juana de Arco
![]() |
![]() |
![]() |








